Wednesday, September 22, 2010 1 comments

MC STORE in Nairobi (Parte II)

No sé si fue Dios todopoderoso o el llavero herradura de Manolo pero de las tres opciones viables – J, W, V – dos de ellas nos dejaron entrar en la carrera.
W es un centro comercial bastante nuevo; modernérrimo y mega-urbano. Una vez dentro, puedes llegar a olvidar que estás en África. Nike, Converse y un extenso número de franquicias invaden los espacios. Entre franquicia y franquicia asoman tímidamente algunas tiendas “de autor” con una personal selección. El espacio por el íbamos a luchar estaba situado enfrente de un café en la planta 1 dedicada a moda. Perfecto. Nos sentamos con libretilla en mano y nos hicimos los detectives un rato. Apuntamos:
Número de personas que pasan por delante (hombres/mujeres).
Número de personas que podrían ser target mille collines.
Claro, la estampa desde fuera tiene telita. Dos individuos aseaditos sentados en el café sin mirarse uno al otro, apuntando cositas con la vista fija en la tienda de enfrente que para que engañarnos, tenía una selección muy triste y abarrotada de xamarretas made in china que por mucho que rebajaran no se podrían sacar de encima. Esto duró unas dos horas. Obviamente, algunos individuos que estaban tomando café felizmente nos miraban con curiosidad y con cara de no entender nada mientras especulaban sobre qué puñetas hacíamos allí.
El tráfico era escaso y el target casi inexistente. Donde un día estuvo Benetton ahora había unos cartones cubriendo todas las vitrinas. Un tanto desolador.
Por otro lado, management nos recibió con una amplia sonrisa y se mostró interesado por nuestra marca para ese local. Nos dejaron muy claro lo mucho que adoraban las franquicias y el hándicap que suponía que no lo fueramos. Nos pidieron una extensa lista de “cositas”:
Muestras del producto, estrategia de apertura de la primera tienda en Nairobi, estrategia de seguimiento y control. Pim pam.
OK. Seguimos concursando mientras ganamos tiempo para decidir si W es una opción para mille collines.
En contraposición, V es un centro comercial cálido y rústico. Tiene formato de pueblecito de veraneo; obra blanca, fuente, suelo de roca, puentes y un agradable “food court” en el centro que siempre está a rebosar de gente. Los fines de semana tocan música en directo y la selección de tiendas es más personal. Está localizado en uno de los dos barrios residenciales más importantes de Nairobi, nido para embajadas y oficinas de UN.
W
VM
Sunday, September 5, 2010 0 comments

una serie de despropósitos

Uno se cree que sabe hacer diving. Sobre todo cuando llega a un trozo de paraíso en medio de todo y de nada. Un individuo corpulento del lodge al que hemos bautizado de Carlos, equipado hasta las cejas sufre el síndrome del mono tema diving y no deja de comentar lo increíbles que son estos fondos y los perro-peces (*manadas que no se asustan del humano) que ha visto cada día. Muchas ganas. Ha pasado un año ¿y? esto es como lo de ir en bici, nunca se olvida.
Por el contrario, M no sabe hacer diving. Sí, ha bajado con una botella minúscula de O2 a comprobar que el ancla este bien colocada. Lo dicho, no sabe hacer diving.
En el lodge, M emocionado se apunta a un curso para sacarse el título open water. Sufi, el instructor, es un zanzibareño arisco y temperamental con quien la última alumna pasó tan mal trago que no creo que vuelva a sumergirse en su vida. M hace grandes migas con Sufi. Repito, un instructor bruto y con muy poca paciencia. Hacen la primera clase en la piscina – un clásico -mientras madre y yo lo miramos atónitas, el chaval está como en su casa. Pancho. Hace un sol de justicia ecuatoriana.
Aquella misma tarde salimos a inmersionarnos por primera vez desde que llegamos. Es decir justo después de pasar el día de precaución tras un vuelo. Mientras comemos, le contamos a M el par de trucos que un día nuestro instructor Pitu, un hombre agradable, que habla por los codos fuera y dentro del agua, paciente y cariñoso compartió con nosotras. Que si descomprime todo el rato, que si mueve la mandíbula, que si pega los brazos al cuerpo y unos largos etc’s. Yo ya estoy rozando mi actitud chula playas y piscinas frente a mi novio. El pobre es novato, madre y yo por el contrario sabemos hacer diving.
Bien, ya estamos en la barca. Enfundados en neopreno y con cara de felicianos. M sigue pancho. Madre y yo seguimos atónitas. Carlos por supuesto, también viene y se ha traído las barracudas de la conversación de la noche anterior + 5 capas de neopreno. Oh. ¿Hará frío o será un flipado? Nos decantamos por el flipado. El barco empieza a reducir motor, momento de colocarse los últimos artilugios del equipo; gafas con escupitajo incorporado –truco archiconocido por los experimentados divers-, escarpines, patos…
“Dónde están mis patos?” – nos dice M que ya no está tan pancho.
Sufi nos mira para ver si estamos todos listos y entonces se da cuenta de la catástrofe. Su alumno no tiene patos! El arisco y temperamental instructor empieza a perder la compostura y nos lanza así en general un par de miradas asesinas. Al rato se da cuenta de que es culpa de uno de sus ayudantes que se los dejó en la piscina, eso le cabrea más. Aún así, le dice a M que ahora que ya está aquí se meterá sin ellos. Lógico. Pitu habría hecho lo mismo.
M le dice que sí y se queda tan pancho, one more time. Madre y yo rescatamos los ojos de plato, bajar sin patos es una animalada! Nosotras lo sabemos porque sabemos hacer diving.
Nos colocamos todos en el borde del barco en posición de lanzamiento de espaldas cual saco de patatas y en uno de mis momentos de comprobación paranoica del funcionamiento correcto del regulador empieza a salir aire a chorro, acompañado de un ruido muy estresante. Empiezo a hacer movimientos estúpidos para ver si con un poco de suerte el ruido para. Aquí no para ni Dios. Sufi se acerca para arreglar el pequeño principio de drama. Todo en orden de nuevo.
“Nos tiramos a la de 3 todos juntos” – dice Sufi
“Todos a la vez??” – lo que se me abre es la boca, ya tengo los ojos achinados dentro de la máscara con escupitajo incorporado. Es una animalada! Pitu nunca lo permitiría.
“Nosotros nos tiraremos uno a uno” – dice madre con serenidad.
Poff. Poff. Poff. Ya flotamos en el agua. Sufi nos llama, al parecer al tirarnos uno a uno hemos perdido 3 minutos de su paciencia y el individuo ya está gesticulando en la bolla roja portable que ha decidido colocar a unos muchos metros de distancia. No pasa nada, somos divers, sabemos acercarnos a la bolla de espaldas con el mínimo esfuerzo. M por el contrario no es diver y no tiene patos! Empieza el pataleo exhaustivo de esta operación. Imaginaros el cuadro.
Sufi nos indica con la mano el momento de sumergirse. Vamos pallá.
Empezamos a bajar pero madre no consigue sumergirse. Decido ascender para comprobar que todo vaya bien con mi padi. Madre desciende muy despacio pero al poco se queda parada. El peso no es suficiente. Sufi está en el fondo agarrando a M que dentro del agua y sin patos es como un muñeco hinchable. Sufi nos llama con la mano, empieza a perder la paciencia de nuevo. Miro a madre y le digo que vaya con calma. Con tanto subir y bajar empieza el dolor de oídos. Sufi me mira y con un gesto brusco me indica que coja a madre y tire de ella hacia abajo. Como si fuera tan fácil. Conseguimos llegar al fondo pero mis oídos no están finos. Sufi quiere colocarle más peso a madre y para tener controlado a M le hace agarrarse a un pedrusco de coral. Al poco rato M se da cuenta de que es el coral el que está agarrado a él. Ahora es un muñeco hinchable sacudido por la marea con pedrusco en mano incorporado. Eso sí, sigue tratando de hacer de sus pies un motorcillo fueraborda. No hay éxito. Llegado este punto madre y yo ya vamos acojonadas con Sufi. Tiene peor mala leche dentro del agua que fuera si eso es posible. Sufi estresado decide coger a M por el brazo y arrastrarlo como un cebo mientras M respira que te respirarás va dándole al motorcillo para tratar de avanzar horizontal. Por mucho que le aconsejáramos durante la comida que pegara los brazos al cuerpo en este caso es imposible, necesitaba pies brazos y pelos de la cabeza para mantener el equilibrio. Madre intenta poner orden y mantener al “grupo” unido pero el pataleo de M es tan aparatoso que va dejando una estelilla que (a) no nos deja ver pescado alguno – creo que con el show se han ido todos por aletas aunque según cuente Carlos son como perros y (b) nos cuesta ver la distancia de prudencia y de cada 5 pataleos recibimos 1.
Evidentemente esta inmersión termina con la reserva de M. Con 30 minutos de motorcillo se ha pulido 150 de aire. Subimos.
Madre y yo tiritando. Resulta que Carlos no era un flipado, sus 5 capas nos habrían ido de perlas. Hay una segunda inmersión. Madre y yo decidimos no hacerla y esperar al día siguiente. Murphy aprieta pero no ahoga, es primo hermano de Dios todopoderosos. Sufi mira a M, “tú sí que entraras no?” M lo mira/nos mira y dice “vale”. Los patos de la madre pasan a M que por fin podrá experimentar lo que es hacer diving. M se recoloca el material. Sufi se mira sus pies, una, dos, tres veces con cara de no entender nada. El instructor balbucea mirando a M y le señala los pies con cara de malas pulgas. Llegado este punto la paranoia le invade y empieza a creer que este “gurpo” le ha tocado para poner a prueba sus capacidades. Ahora, todos estamos mirando los pies de M. Se ha puesto los escarpines al revés! Y que se puede esperar cuando una persona es lanzada a las profundidades marinas a patalear como un desgraciado. Uno pierde el oremus.
M y Sufi completan el segundo diving sin percances significativos y todos regresamos.
Aquel día nos quedó claro que quizá hacer diving no sea como ir en bici. El primer diving de la temporada depende de si pones un Sufi en tu vida.
Aún así, acabamos haciendo migas con él. El penúltimo día vimos una madre ballena con su cría de camino al punto de inmersión. Bajo el agua, manadas enromes de peces-perro de aquellos de los que Carlos hablaba non-stop, tiburones y arrecifes maravillosos de coral.
Frente a la fogata con cerveza en mano, Sufi nos confesó que M – que ya sabe hacer diving - era el alumno más aventajado que había tenido.

Friday, September 3, 2010 2 comments

MC STORE in Nairobi (Parte I)

Hace ya un año, decidimos entrar con tiendas propias “mille collines” en el mercado del Este de África.
Y hace ya un año, abrimos en Kigali la primera. Una tienda que vio nacer la línea más joven, desenfadada y relajada de la marca. mille collines KUKUA.
Kukua, significa en swahili crecer. Crecer en ofrecer cada vez más trabajo a un número más elevado de personas, crecer en dar eco a un producto fabricado por los africanos y crecer en aprender día a día.
Y así fue, esta línea nos ayudó a crecer a todos. Nació del pulso de nuestros clientes en tierras ruandesas. Nos adaptamos a la demanda y le dimos forma a una tienda que nos enseñaría de manera muy agradecida cómo dirigir y como no dirigir un departamento de retail.
Siguiendo con la estrategia, nos plantamos en Nairobi el pasado noviembre. Hacía sol cegador ecuatoriano y había un atasco importante para entrar en la capital; de esos potentes en los que de camino al fin del mundo te venden utensilios para automóvil, grillos a la brasa, películas infantiles que esconden cine porno, cachorros de perro con pedigríes falsos y etc. Un paseo que te puede cambiar la vida el día que estés menos inspirado.
Llevábamos un guión en mano que la asesora de marketing de MC - Elena Salcedo -nos había preparado para esta operación. Nuestro objetivo estaba clarito; identificar el mejor centro comercial dónde situar la primera tienda mille collines. Hasta aquí fácil ¿no?
En Nairobi todo va de centros comerciales y su localización cambia radicalmente el tráfico de clientes y la calidad de las tiendas. Al ser una macro urbe (aprox.5 millones de habitantes) sus gentes se agrupan por zonas en las que crean una micro atmosfera para no tener que cruzar sus fronteras muy a menudo. Cada una de estas zonas está conquistada por uno o más centros comerciales donde el individuo nairo-bense puede acampar sin problemas sabiendo que sobrevivirá, satisfacerá su diverso afán consumista y podrá echarse unas risas en los distintos spots dedicados a divertir el alma.
Nuestra misión:
(1) Identificar zonas dónde co-habiten distintas potenciales compradoras de los trapos mille collines.
(2) Identificar esas islas comerciales en las que sobreviven, consumen y se divierten.
(3) Enfundarnos en un traje chaqueta digno y visitar con dossier en mano el departamento de "property management" para presentar la empresa.
(4) Echarse unos rezos católicos, por aquello de que para algo hicimos la comunión o apretar 5 veces el llavero herradura de caballo de aquel viejo amigo de Extremadura. La suerte es BÁSICA.
(5) Cazar al vuelo la palabra “espacio disponible” seguida de tamaño inferior a 150 m2. Sacar catálogo con un movimiento rápido de muñeca y venderse tan bien que se vean incapaces de rechazar tu oferta pese a que: tu empresa es joven, no tienes ninguna otra tienda en Nairobi y está dirigida por dos chavales con cara de haberse caído del nido un domingo de manta-sofá.

Lo cierto es que los potenciales locales comerciales en Nairobi están muy demandados y hay una oferta muy pequeña. Vamos, el paraíso del retailer! La tienda a pie de calle no es un formato viable y poner un chiringuito en un centro comercial se convierte en una carrera de caballos dónde el que llega tarde no tiene derecho ni a participar. Y tarde no es tarde como en, “ufff, hace un año que lo tenemos todo lleno y los contratos son a 6” tarde como en: “vaya, lo sentimos, has venido justo un día después de que diéramos el último local disponible a otro jinete”.
Wednesday, August 25, 2010 0 comments

La nave y sus 3 paredes

Por dónde íbamos avi…
Con la brújula apuntando al norte llegaron dos semanas de duro trabajo. Re_colocamiento de los efectos personales tan manoseados ya por tantos que casi se consideraban púbicos.
La nave y sus 3 paredes necesitaban un cambio radical que convertiría el espacio en nuestro campamento base.A continuación veréis el proceso y también el resultado.
Wednesday, June 30, 2010 0 comments

descubrimos otro Norte.

Avi, nunca encontramos una solución para aquel techo de asbestos. Siempre pudimos correr el riesgo, mirar hacia otro lado y seguir con el plan. Pensé en lo que tú me dirías: suficientes riesgos corréis ya, al menos no los corráis voluntariamente.
Nos pasamos 2 semanas a caballo entre una solución convincente y una casa nueva. Nuestros bultos seguían repartidos por todo Kigali. Y con tal dispersión nos sentíamos emocionalmente igual que nuestras pertenencias. Entre nada y nada.
Nos marcamos una fecha límite así que llegado el momento, nos agarramos a toda esa información valiosa que habíamos recopilado en esos días y nos enfrentamos al propietario para pedirle un reembolso (en la mejor de nuestras negociaciones conseguimos pagar 3 meses por adelantado y 1 mes en depósito).
Algo que en otro país sería evidente y casi indemnizable se pone en duda en estos parajes. Por la famosa balanza de la oferta-demanda, los propietarios de las casas en este país son los intocables y los inquilinos nos arrastramos por los suelos injustamente. Aún así, el contagioso boom inmobiliario español también ha llegado a Ruanda y la balanza está cambiando poco a poco.
El propietario no era el propietario sino un representante suyo. El individuo era un pez gordo business-man indio con “guita” para aburrir y residencia en Kampala. Vinod era nuestro hombre. Cónsul honorario de India en Ruanda así que para nuestra suerte: diplomático, adicto al yoga, alérgico a los conflictos y un hombre al que podías hacer entrar en razón sin necesidad de amenazas. El dinero llegaría de vuelta pronto. Cuando lo hiciera, tendríamos que sacar todas las cosas de la casa y encontrarles otro lugar donde caerse muertas.
Los días pasaba. Habíamos visto ya tantas casas horteras de cristales a tornasolados+columnatas griegas y tantas oficinas hibridas con humedades irreparables que en un momento poco lúcido (o muy lúcido según se mire) decidimos dejar “mille collines” y dedicarnos al “Real Estate”. Comisión a pachas y trabajar la mitad de los días. Una mitad tú, una mitad yo.
En fin que nunca ocurrió. Seguimos buscando.
Un buen día todo cambió. Debieron alinearse un par de astros a nuestro favor o si Dios existe debió pensar: “bueno ya me he divertido suficiente, vamos a darles un respiro a estos pobres chavales…”. Aunque parezca mentira, solo se necesita un día para cambiar el rumbo de todo.
El portal online de anuncios “kigalilife” informaba de una casa que quedaría libre en una semana. Pequeñita, en Kimihurura (el barrio que nos vio nacer) y barata. Sonaba como la casa perfecta para vivir. Llamamos inmediatamente y fijamos un día para visitarla.
Simultáneamente, un individuo que pescamos un día en medio de la calle hace ya mucho tiempo se cruzó de nuevo en nuestro camino. Era “comisionare”; en otras palabras, enseña-casas por doble comisión (la del propietario si tienen suerte y la del muzungu siempre multiplicada por cinco. Por si el propietario se pone chulín). Frederick era distinto de los otros comisionare que conocíamos. Era sincero, paciente y una fuente inesperada de alternativas creativas.
Una de sus creativas alternativas es hoy el Atelier de mille collines en Kigali. Una nave. Cuando la encontramos tenía solo 3 paredes, con la pasta del primer aventurero inquilino construiría la cuarta. Después, a hacerla “nuestra”.
Visitamos aquella casita y nos enamoramos de ella. Era perfecta desde todos los ángulos que la quisieras mirar. Nathalie, había vivido allí durante 4 años con su marido Carol. Ella era arquitecta y había hecho cambios en la casa que la hacían una casa completamente distinta. Con mucha personalidad y encanto.
Así fue. En tan solo un día, nuestra brújula volvía a marcar el Norte y un Norte que de no ser por esa catástrofe jamás hubiéramos descubierto.
Sunday, June 6, 2010 0 comments

Primer aniversario!

El 24 de abril nuestra pequeña empresa cumplió un año.
Para celebrarlo, organizamos una cena y elegimos el sitio y el día a votación. El ganador fue “Green Corner” un folclórico “cabaret” local donde se pueden degustar los mejores pollos y tilapias a la grill. El día, viernes por la noche.
22 personas nos reunimos aquella noche en un reservado semi-abierto con televisión incluida que Victor - el contable - se había encargado de pedir una semana antes. Juntamos varias mesas redondas, de esas auténticamente africanas de plástico con mantel promocional que gracias a Dios no daba más publicidad a Coca-Cola sino a la cerveza ruandesa “Primus”. Estábamos todos muy emocionados, era la primera cena que compartíamos juntos.
Victor y Warda (la nueva manager) lo habían organizado todo con mucho cariño. Ya teníamos los pollos y tilapias en proceso así como sus acompañamientos; ricas patatas al horno, banana frito y ensalada. En un tiempo de espera record (siendo un restaurante local y ruandés) teníamos las bandejas rebosando. Solo nos faltaba ambientación medieval, una mesa de 5 metros de madera de roble y un rey presidiendo el banqueta antes de hincar diente.
Esperamos a que cada uno tuviera su porción y Antoine y su hija Marie Claire dedicaron unos minutos de silencio a bendecir los alimentos.
Mucho jolgorio, muchas risas. Algunos hablaban en Kinyarwanda, otros en inglés y otros en francés. Musulmanes, pantocratistas, testigos de Jehová, adventistas, católicos… Por inercia, las conversaciones se alinearon y empezamos un juego de preguntas en el que Marc y yo les preguntábamos y uno a uno iban respondiendo. Al acabar, ellos podían preguntarnos a nosotros. Salieron cuestiones interesantes y nos ayudó a conocernos mejor fuera de las paredes de la nave. Cómo potenciar la creatividad en un negocio, por qué elegimos Ruanda o qué estudiamos fueron algunos de los temas que se hablaron.
Al acabar de comer, hicimos entrega a 3 personas del certificado de 1 año en Mille Collines. Antoine, Venant y Victor, nuestros empleados más antiguos. Se emocionaron mucho y se iniciaron los discursos. Sorprendentemente todos quisieron hablar. Se levantaron uno a uno y expresaron sus sensaciones. Fue un momento muy emotivo y se dijeron cosas muy potentes:
Antoine (jefe de taller) : “gracias por el respeto, el valor por nuestro trabajo y la motivación para que seamos siempre mejores.”
Victor (contable): “en mille collines he encontrado una familia. Lo más emocionante es ver cómo todos trabajamos unidos por un objetivo común. Todos somos importantes, desde el cleaner al jefe del taller y a la dirección. Eso dispersa nuestras diferencias y nos sitúa a todos en un mismo plano. ”
Alexie (ayudante de costura): “nunca había trabajado en una empresa donde se me respetara, donde se me considerara tan importante como a cualquier otro, donde se me pagara cada final de mes...”
Mouna (enargada de millecollines Kukua): “estamos consiguiendo algo extraordinario, un producto de calidad hecho en Ruanda. Sois una inspiración para mí y para este país”.
Isidor (encargado de limpieza): “Nunca olvidaré cuanto entré a trabajar y solo estaba Antoine. Cuando miro esta mesa hoy y veo todos los que somos, me emociono. ”
Venant (segundo del taller): “seguiremos trabajando duro día a día…seguiremos persiguiendo KUKUA (en swahili: crecer)”
Marc y yo también hablamos. Prometimos seguir luchando. Seguir buscando gente para enseñarles y mejorar su calidad en el trabajo. Les agradecimos la armonía y el trabajo en equipo. Les explicamos cómo nació millecollines. Un sueño que muchos creyeron que jamás conseguiríamos arrancar, muchos nos advirtieron que crear un equipo sólido sería imposible. Esa noche estábamos sentados como el equipo que somos y ya no era solo nuestro sueño sino el de todos.
Con el subidón emocional inauguramos la tradición; 1 cena en navidad y 1 por cada aniversario. Nos despedimos efusivamente y volvimos a nuestras vidas.
Wednesday, May 5, 2010 0 comments

un techo de que?

Avi, aquella primera noche en la casa muy extraña. Como mantener una relación my íntima con un completo desconocido y no sentirte cómodo. Todo estaba tan desordenado y disperso que intenté ser lógica y amontonar las cosas por habitaciones. Entre aquel kaos absoluto de maquinas de coser, material de oficina, mesas, tejidos, patrones, sartenes etc. no conseguía encontrarme a mi misma y lo único que me limitaba a buscar era incienso.
Aquella nueva mañana era fin de semana y Umuganda. El último sábado del mes. Para la cultura ruandesa es una mañana que hasta las 13 horas cada familia dedica a limpiar su barrio junto con el resto de vecinos. Y porque os cuento esto, pues porque eso hizo mucho más complicado encontrar refuerzos para mover las cosas.
Marc estaba aún en España. Sin su apoyo, me limité a hacer de “gallina sin cabeza” y correr de arriba para abajo. El laborable lunes ya estaba pisándome los talones.
Como en aquellas pesadillas en las que corres porque el malo “sin cara” te persigue pero no consigues avanzar, yo ordenaba.
Para dar más ambiente, el propietario de la casa había decidido cambiar el techo siguiendo una nueva legislación ruandesa de aquellas que se sacan muy de repente y de la manga. No nos dio demasiados detalles pero nos señaló las tuberías para que viéramos lo viejas que estaba así como las goteras de dentro. Empezaron deprisa pero no ayudaba mucho tener los martillos de unos nueve obreros picando encima de mi cabeza desde las 6 de la mañana hasta que el sol se escondía.
Y el domingo llegó. Empezaba a atardecer y yo estaba sentada en el sofá del salón pensando cuales serían mis siguientes movimientos y entonces alguien llamó a la puerta. Salí a abrir y un hombre vestido de “dominguero relajado” con una cámara de fotos en la mano se presentó. Era el vecino italiano, parecía bastante aturdido y llamó enseguida a Ronny, el técnico de la obra:
- TTeneis idea de lo que estáis haciendo?
RoRonny miró algo sorprendido y contestó intentando no dudar demasiado. Explicó que estaban cambiando el techo y que solo les quedaba un tercio.
- E Estáis destruyendo a martillazos un techo de asbesto. Los asbestos son fibras altamente contaminantes y las estáis esparciendo por todas partes. Hay que humedecer las placas y después con mucho cuidado sacarlas intentando que no se rompan. Mi familia vive ahí, tengo niños de 8 y 10 años y si es necesario llamaré a la policía.
Yo permanecí a su lado con cara de gilipollas intentando procesar la información. Le dije que no estaba al corriente pero que hablaría con el propietario y le llamaría de vuelta para ver qué solución podíamos encontrar.
Marc cogió el primer avión para venir a Ruanda. Yo llamé a mi madre desde un café mientras leía acerca de asbestos en google. Siguiendo las indicaciones de la familia cogí un trapo húmedo, me tapé la boca y entré en la casa para coger algo de ropa, documentos para trabajar y mis dos perras. Aterricé en mi nuevo refugio, casa de mi amiga Bonny. Día, noche y esa parte de la vida dedicada a las pesadilla, rondaría por nuestras cabezas una única pregunta; ¿cómo se limpian los asbestos?
Sunday, March 28, 2010 1 comments

moving, all the people moving

Por dónde íbamos...ah sí! la mudanza.
Avi, tendrías que haber visto nuestro diminuto y viejo 4x4 (Suzuki Samurai del 1989) al frente del convoy guiando la operación mudanza. Desde el retrovisor, veíamos nuestra montaña de efectos personales tambalearse de un lado a otro. Yo iba de copiloto con una misión muy clara; aguantar una tele, un par de lámparas y 6 delicadas copas de vino entre la falda y los pies. A esto sumamos no quitarle jamás el ojo a la furgoneta por si entre bote y bote alguna de nuestras improvisadas bolsas de mudanza decidía darse a la fuga. Cada bote era un pequeño suplicio mental porque no podía dejar de repasar mentalmente lo que iba subido a esa furgoneta (es decir, lo poco que recordaba) imaginando el millón de piezas que podían descomponerse.
Algo que nunca prevés en un país así es lo complicado que puede llegar a ser hacer paquetes mínimamente dignos sin: a) bolsas de plástico (prohibí das en el país) y b) cajas de cartón de sobras (tuvimos que echar mano de todas las provisiones guardadas durante el año). Al final te ves envolviendo “la chatarra” en una sabana como hace Pingu cuando se va de excursión pero tamaño XXL. Un par de nudos caseros y pa’lante.
Un gran suspiro. Ahí estábamos, en nuestra nueva casa por fin. Agotados, le dedicamos un aplauso a la operación. Una casa, una oficina y un taller estaban a salvo tras dos duros días de trabajo.
En ese momento, en el que creías que lo más duro ya estaba hecho te acuerdas de Mary Poppins y le pides a Dios, a los astros o a quien sea que te esté oyendo desde ese remoto rincón de la tierra que con un chasquido de dedos las cosas se vayan colocando en su sitio. La montaña es infinita. Por mucho que mueves, arrastras, desempaquetas las primeras cosas, tienes la fuerza de un mosquito y parece que los bultos se multiplican como setas.
(continuará...)

Photograph by Roberto Neumiller. An army of migrant workers from some of Africa's poorest states make their way home from oil-rich Libya on the back of a lorry.
Thursday, March 25, 2010 3 comments

Avi, sigamos charlando...

Hace 5 años empecé un blog. En él pretendía contaros acerca de mi primera experiencia en Ruanda. De cómo de un viaje nació un proyecto inocente cargado de romanticismo. De cómo el romanticismo nos hizo idealistas y creímos que podríamos cambiar el mundo. De cómo el idealismo se fue tiñendo de realidad; de momentos muy duros, de momentos muy buenos pero en general de rutina y trabajo constante. De cómo al final lo que empezó inconsciente se convirtió en nuestra vida. Descubrimos que haciendo aquello que más nos gustaba hacíamos felices a los que nos rodean y a nosotros mismos.
Hay días en los que me cuesta escribir. Me cuesta encontrar la fuerza y la inspiración para hacerlo y acabo por no hacerlo. Hace dos semanas que el avi* se apagó. Él ha sido parte de este sueño desde que empezamos. Nuestro mentor, nuestro motor y nuestro confesor. Él fue quien abrió en mi madre una ventana a África. Juntos soñaron que un día harían un safari, cuando pocos se atrevían a atravesar sus aún desconocidas tierras. De no ser por él y por la pasión que creció en mi madre, yo no estaría en Ruanda hoy.
Avi, los miércoles eran nuestro día y quiero que sigan siéndolo. Eran el ecuador perfecto de una semana que siempre era distinta a la anterior. No sé dónde estás ahora avi pero yo te siento muy cerca. Aunque sólo pueda hablar yo, sigamos charlando como en la salita de Via Augusta. Tras una sabrosa comida de Lati. Con “el cor de la ciutat de fondo” y los precioso ojos grandes del avia mirándonos de rato en rato. Cuanto añoro esos pequeños momento. Tengo tantas cosas que contarte…
Avi* - abuelo para los Barceló
Wednesday, March 17, 2010 1 comments

TIA: this is Africa

Alguien me dijo un día que las malas noticias son muy cobardes, nunca vienen solas. Supongo que tenía razón pero... no debe ser fácil. Siempre despreciamos "los momentos malos". Llaman a la puerta y nunca son bienvenidos. Aún así, siempre que miramos atrás después de una gran tormenta “casi” agradecemos lo vivido porque nos recoloca en el espacio y en el tiempo. A menudo en un lugar mejor que de no ser por el drama jamás habríamos encontrado. Entre dientes y con la cabeza gacha tendremos que dar las gracias.
Esta es la historia de nuestro pequeño drama.
Parte 1
A finales de enero dejábamos nuestra antigua casa. Aquella que vio nacer el proyecto y dar sus primeros pasos. El espacio se nos había quedado pequeño. Me invadió la nostalgia prematura y la comodonería. Hice un amaguito de quedarme anclada a la escalera como una niña de 5 años que hace pucheros. No duró mucho.
A lo lejos oigo un “Dios mío!!!” seguido de “Inés tienes que ver esto!!!”
Y ahí estaba. Anclada también a nuestro jardín una bomba de mortero de tiempos de guerra. Nunca llegó a explotar. "Reposaba" clavada al suelo toda pancha, ahí donde nuestras dos perras se tumbaban a la sombra de un gran aguacatero en horas de siesta canina.
Llamamos a los militares ruandeses con una facilidad desconcertante, casi como si marcando un “081” atendieran tus percales bélicos caseros.
“Buenos días, esto….verá General, hay una bomba de mortero en mi jardín”
“De mortero dice? Ahora mismo venimos, pongan un cubo de plástico encima y manténganse alejados de la zona hasta que lleguemos.”
“Gracias General”
Y ahí estábamos todos con cara de imbéciles, sin quitarle el ojo a un cubo rosa de plástico tirado en el suelo. Inevitablemente no dejámos de pensar en las siestas caninas, los partidos de bádminton, el proyecto de proyecto de tienda en el jardín que nunca salió y tantos otros momentos en los que nunca supimos que con un solo golpe desafortunado tendríamos ahora un agujero perfecto para una piscina improvisada en el jardín de casa.
Vinieron los militares y la sacaron sin fuegos artificiales. Rápido, fácil y poco traumático. Casi como sacar una cebolla del huerto, vamos, como si de toda la vida.
La bomba me arrancó de la escalera, de mi tontería pasajera y de la casa. Partimos hacía el nuevo hogar. Nunca imaginé que un año de vida ocupara solo tres camionetas llenas. Sabíais que los ruandeses tienen un máster en mudanzas y otro en el Tetris? Mucho más de lo que se necesita para llevar una vida nomádica.
(Continuará…)
Friday, February 12, 2010 9 comments

'BOUT africans. Issue #9


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